La cuenta atrás para el fin de las mascarillas obligatorias en España ha comenzado, aunque los expertos en salud pública consultados coinciden en que los niveles de transmisión de COVID son todavía demasiado altos para dar el paso, pero asumen que con la caída de la incidencia podría darse en la primera parte de la primavera.

Amor- odio 

 

La relación con las mascarillas en España ha sido de amor-odio desde hace 2 años, en un principio se descartó como medida de protección pero conforme había más disponibilidad y se fue comprobando su eficacia como medida de prevención de contagio, se hicieron recomendables y posteriormente obligatorias en transportes públicos y centros de trabajo; poco más tarde, en interiores, hasta llegar a ser imperativas en todo entorno público, abierto o cerrado, en una de las regulaciones más estrictas del mundo.

Con el tiempo, la ciudadanía se ha dividido entre los que abrazan esta protección y la llevan incluso en entornos donde no se exige y quienes están deseando quitársela y denuncian que están siendo dañinas, sobre todo para los niños.

A diferencia de lo que ha sucedido con otras restricciones, el uso de las mascarillas está regulado por un Real Decreto que las autonomías tienen que acatar. Será el Gobierno el que decida el momento de dar un nuevo paso adelante. Según Sánchez, lo hará de la mano de lo que digan los técnicos.

Queda por ver si volverá a usar el Gobierno el fin de las mascarillas como una herramienta de comunicación en el momento que le resulte más propicio o lo someterá a cauces más ortodoxos.

Esto supondría pasar por la Comisión de Salud Pública, formada por los directores de esta área en las comunidades y en el ministerio y por la propia Ponencia de alertas.